La Auténtica Sopa Paraguaya: Mi Versión Familiar Paso a Paso.

Una receta heredada, llena de historia y sabor


La sopa paraguaya es mucho más que un plato: es un recuerdo vivo.

Crecí viendo a mi madre prepararla, y ese aroma quedó grabado para siempre en mi memoria.

Con los años, fui probando las versiones de mis tías, primas y hermanas, aprendiendo los secretos de cada una, hasta encontrar el equilibrio perfecto que hoy quiero compartir con ustedes.

  • 500 g de harina de maíz (fina o mediana).
  • 300 g de queso paraguayo o queso fresco.
  • 3 cebollas grandes, picadas y rehogadas.
  • 100 g de grasa de cerdo (para darle ese sabor y textura auténtica).
  • 4 a 6 huevos.
  • 500 ml de leche (aproximadamente).
  • Sal a gusto

1. El sofrito

Rehogar la cebolla con un poco de sal hasta que esté transparente. Retirar del fuego y dejar enfriar.

2. El batido

Batir los huevos hasta que estén espumosos. Agregar la cebolla rehogada y mezclar bien.

3. La mezcla

Incorporar el queso desmenuzado con las manos. Agregar la harina de maíz alternando con la leche.

La mezcla debe quedar cremosa, no líquida.

4. El horneado

Volcar la preparación en una fuente enmantecada (como la de la foto).

Llevar a horno precalentado a 180 °C – 200 °C durante 40 a 50 minutos, hasta que esté bien dorada.

El secreto de una buena sopa paraguaya está en la textura: ni seca ni líquida, sino húmeda, suave y bien dorada.

Sopa paraguaya rellena de queso, suave y húmeda por dentro, con una superficie bien dorada.
  • 🧀 El queso: si no conseguís queso paraguayo, podés usar queso fresco, cremoso firme o una mezcla de mozzarella y queso fresco.
  • 🔥 El horno: cada horno es distinto. Si ves que dora muy rápido, cubrila con papel aluminio los últimos minutos.
  • ❄️ Conservación: una vez fría, se puede guardar en la heladera hasta 3 días, bien tapada.
  • ♨️ Para recalentar: lo ideal es hacerlo en horno o sartén tapada, para que recupere su humedad.

La sopa paraguaya se disfruta mejor recién hecha o apenas tibia, cuando el queso todavía está cremoso y el aroma a cebolla y maíz invade la cocina.

En casa siempre fue un plato para compartir, para sentarnos alrededor de la mesa y volver, aunque sea por un rato, a esos recuerdos que nos acompañan desde chicos.

Ojalá esta receta llegue a tu mesa y se convierta también en parte de tu historia.

¡Hasta pronto!

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