
Mamá de una bebé autista
Nunca pensé que ser mamá de una bebé autista implicaba sentirse tan sola.
Hay días en los que nadie ve el cansancio, el miedo, las lágrimas silenciosas ni la fuerza que una tiene que sacar de donde ya no queda nada.
Solo nosotras sabemos lo que vivimos puertas adentro.
Las terapias, la incertidumbre, los desvelos, las crisis… y aun así seguimos.
Muchas veces nadie te acompaña.
Ni la familia, ni el colegio, ni muchos centros que deberían entenderte y ayudarte.
Yo tuve la suerte de encontrar terapeutas increíbles, personas con amor y empatía de verdad… pero sé que no todas las mamás tienen esa misma contención.
Porque aprendemos a ser fuertes. Mucho más fuertes de lo que imaginábamos.
No es fácil.
Pero el amor… el amor de una mamá puede con todo.
No elegimos este camino.
Pero aprendimos a caminarlo con amor, aun en los días más difíciles.
Y aunque muchas veces el camino se sienta solitario, seguimos caminando.
Paso a paso.
Tomadas de la mano.
Aprendiendo juntas.
Porque por nuestros hijos descubrimos una fuerza que no sabíamos que existía dentro nuestro.
La verdadera fuerza no hace ruido…
solo ama, resiste y nunca se rinde. 🤍




